Puedo amarte hasta oxidar
mis propios huesos,
sea mi sangre polvo del viento,
puedo amarte con la fuerza de los
árboles en el desierto;
ser espíritu apacible de la tarde,
dormir en la profundidad de tu seno.
Puedo aferrarme a ti como
si fuese yo una cruz del cementerio,
agua de un canal eterno,
hierro al rojo vivo para fundición.
Aferrarme como raíz de roble viejo,
como un fantasma que no
Abandona su hogar;
no soltar el arado,
tierra y piedrecilla, escritura y
terreno.
Puedo amarte como el sol
a mercurio.
Saludos cordiales
José Raúl Santibáñez