Nací en un pueblo llamado Bulnes,
en la última calle,
detrás de la carcel;
a los pies del gigante muro
que acalla los pasos
de los hombres.
Muro donde chocan
los pensamientos,
se quedan las sombras de los hijos,
muro de los lamentos.
Mujeres, madres e hijas
desconsoladas; delantales
llenos de preguntas.
Los padres con las ojotas
llenas de barro, rabia, impotencia,
con la cabeza sumergida en
sus propios barrotes;
con el maldito adiós de un jueves más.
José Raúl Santibáñez