Con Respecto a Ley Cholito
Poema Narrativo "Galguito"
No sé cuántos días llevaba ese Galgo
con esa cuerda atada a su cuello, ni menos hace cuánto le faltaba su colmillo
izquierdo, lo cierto es que la herida que traía en sus ancas estaba abierta y
fresca.
Revisamos la cuerda del cuello, había
un alambre cruzado en que le clavaba la piel; estaba asustado y falto de
cariño, de mirada angustiante y los ojos envejecidos de dolor, aquel collar era
su propia cruz del mundo perruno.
Lo primero que hicimos fue cortar la
cuerda y liberarlo de ese peso que inventamos los humanos, la tiramos lejos y
la miramos con rabia, o pensando en quien sería el descabezado que se había
atrevido a maltratar a nuestro nuevo amigo.
Se me acerco lento y con la cabeza me
acarició la pierna, agónico de ser correspondido, recordándome que todos
necesitamos ser tocados con amor, que hacía falta una palabra para reconfortar
su camino y su estadía junto a nosotros.
Cuando nos miramos con galguito nos
agradecimos mutuamente el gesto, me había recordado quien era el mejor
amigo del hombre, pero que hay hombres que son enemigos incluso de un animal
indefenso; se mantuvo cerca de nosotros como si fuésemos la manada amiga y un
apoyo momentáneo.
Jorge miró la herida abierta y recordó que en la camioneta portaba una crema cicatrizante, me pidió que lo sostuviera con un poco de fuerza para aplicarle el ungüento, pero al mirar la cara de galguito me di cuenta por su mirada que era más le necesidad de ser ayudado que de querer morder a quien trataba de ayudarle.
Jorge miró la herida abierta y recordó que en la camioneta portaba una crema cicatrizante, me pidió que lo sostuviera con un poco de fuerza para aplicarle el ungüento, pero al mirar la cara de galguito me di cuenta por su mirada que era más le necesidad de ser ayudado que de querer morder a quien trataba de ayudarle.
Cuando la solución a suerte sanadora
se le aplicó en la herida; galguito nos miró a todos y se fue por la calle de
piedra buscando más destino pero ahora ciertamente sin la cuerda asfixiante al
cuello y con las curaciones debidas.
Nos miramos los amigos y sonreímos; la
vida o tal vez la tarde, nos había enviado a galguito, pero claramente
estábamos contentos de ayudar al prójimo que no necesariamente debe ser un
humano.
Para El Examinador.cl
Por: José Raúl Santibáñez
Por: José Raúl Santibáñez